Pésima idea disfrazarme de payaso

Una mis épocas favoritas del año es el Día de Muertos y Halloween, ya que disfruto mucho el adornar mi casa, poner la tradicional ofrenda y disfrazarme para ir a una fiesta o andar así por la calle. Pero el año pasado sufrí con mi disfraz. Unos amigos y yo planeamos un viaje a Monterrey, nos fuimos en unos vuelos baratos para economizar y allá teníamos pensado pasar un Halloween increíble. Sin embargo, no todo fue tan bueno.

Era la época en la que algunos jóvenes en Estados Unidos se disfrazaban de payasos y atemorizaban a las personas en avenidas, matorrales, maizales y hasta en la puerta de sus propias casas. No pensé que esa moda había llegado a México, pero jamás me pasó por la mente el que el hecho de que Monterrey estuviera tan cerca de la Unión Americana significaría un grave problema. Debido a que no imaginé que pudiera pasar algo, decidí disfrazarme de payaso asesino, me pinté la cara de forma maquiavélica, me puse el clásico traje de payaso y cargaba con un chipote chillón del Chapulín Colorado tamaño industrial.

Fuimos a una fiesta de disfraces en la casa de un familiar de uno de mis amigos y al salir, ya entonados por el alcohol que consumimos en la celebración, se nos antojó asustar a las personas que nos encontráramos por la calle. No nos importó la inseguridad que se vive en ese lugar, menos lo que estaba pasando en el país vecino. Nos escondíamos en las esquinas y gritábamos al momento de aparecer de frente a las personas. Algunas se asustaban pero después se reían, otras se enojaban y algunas pocas reaccionaban con golpes con sus bolsas o soltando una leve cachetada.

Quizá lo ruidoso que fuimos provocó que se alertaran las autoridades. Entonces corrimos para alejarnos del lugar y de pronto me quedé solo, perdí el ritmo, lo bueno que habíamos quedado de un lugar si nos perdíamos, por eso me dirigí a aquel lugar. Sin embargo, tuve que hacer una parada porque me dieron arcadas, el alcohol quería salir de mi cuerpo. Al estar inmóvil, aguantando las ganas de vomitar, un policía llegó y con fuerza desmedida me arrinconó contra la pared y me dijo que estaba detenido, que no estaba en mi país, pues creía que era de Estados Unidos, para venir a espantar con sus payasos. Trate de explicarle pero no me dejó, ya cuando me subió a la patrulla intenté rehusarme y eso hizo que me diera un golpe en el estómago.

Al llegar al Ministerio Público, con dolor en el estómago y después de haber vomitado en el trayecto producto del golpe y el alcohol, pude explicar lo que había sucedido. Fue bueno que se dieran cuenta que no era gringo, ni siquiera de Nuevo León, pues se notaba a larga distancia que era chilango. Esto ayudó, aunado a que le revelé que sólo nos divertíamos en Halloween espantando gente, lo que no hacía daño a nadie, ya que evitábamos hacerlo a señoras y a personas de la tercera edad. Me dejaron ir y ya no quise hacer más problemas por el golpe del policía, sólo me fui.