Ligar es más fácil estando de vacaciones

En mis últimas vacaciones descubrí que soy todo un casanova, creí que había superado todos mis miedos y que me había convertido en un Jorge Negrete o Pedro Infante Millennial. Las chicas, fueran compatriotas o turistas extranjeras, caían rendidas ante mis encantos; sin embargo, todo esto cambió cuando volví a mi natal Ciudad de México, fue como si hubiera perdido mis habilidades de ligue. Permítanme explicarles.

Yo soy un joven al que siempre le ha costado trabajo socializar, sobre todo con las mujeres. Soy tímido al inicio, ya conforme avanza la convivencia demuestro que detrás hay alguien divertido y espontáneo, lo malo pasa que cuando te catalogan de introvertido es muy difícil quitarte esa etiqueta. He dejado pasar demasiadas oportunidades con chicas que me gustan en fiestas o que veo en lugares públicos y el cuerpo no me responde. Mi cabeza pide a gritos hacer algún movimiento, pero éstos no aparecen, me quedo congelado.

Pocas veces logró armarme de valor para acercarme a quien me haya atrapado con su belleza e iniciar una plática, generalmente sucede cuando tengo suficiente alcohol en la sangre para que no me importe nada, digamos que son como mis espinacas que me dan fuerza. Esto cambió a raíz de mis últimas vacaciones, donde con o sin bebidas podía acercarme a quien yo quisiera y todo marcha bien.

Decidí irme a Cancún con un primo, tomamos un vuelo de Viva Aerobus y desde ese instante comenzó la aventura, pues después de una hora de surcar los aires me topé en el pasillo con una hermosa canadiense, quien me preguntó si iba a pasar al baño, asentí y respondió que esperaría su turno. No sé de dónde salió o cómo lo pensé pero le dije que le cedería mi lugar con una condición, que me dijera su nombre. “Emma”, respondió con una sonrisa y se adentró al baño. El resto del vuelo intercambiamos miradas y continuamos la conversación al salir del aeropuerto. Lamentablemente no íbamos para el mismo hotel, pero el hecho de haberme animado a hablarle y ser un poco atrevido, me llenó de ánimo y emoción.

En la alberca del hotel me unía a grupos de turistas extranjeros. Había de Estados Unidos, Canadá, Francia, Colombia e Irlanda. Lograba hacer reír a las jóvenes, les invitaba y me invitaban tragos, íbamos a mi cuarto o yo iba al de ellas. Me abstengo de contarles los detalles, pero ya se imaginarán. Incluso estando en algunos de los antros de Cancún me le acercaba a las chicas mexicanas y todo fluía, nos divertíamos. Fue una semana inolvidable.

¿Entonces qué pasó al volver? Perdí por completo los súper poderes que había adquirido. Intenté ligar en fiestas o el transporte público y nada, no fluía como en mi viaje. Quizá porque era uno más del montón, no era nada nuevo, el estrés de la ciudad o el cansancio eran una barrera para el amor.

No sé si sea porque traes el ánimo de estar de vacaciones a tope o emanes algo diferente cuando estás fuera de tu ciudad, pero ligar es mucho más fácil estando de vacaciones.