Dejar de fumar por alguien no te quita el vicio

‘Si dejas de fumar por alguien, es muy probable que lo vuelvas a hacer por esa misma persona’. Esa es una frase que es muy cierta que alguna vez en mi vida pude comprobar, pero que en su tiempo me negaba a creer, pues pensaba que ya había superado el vicio del cigarro, lo cual no ocurrió. Comencé a fumar cuando cumplí los 18 años, primero consumiendo cigarros sueltos y después comprando cajetillas. Fumaba porque me gustaba y porque me ayudaba en momentos de estrés. Este es un vicio que algunas personas pueden soportar y otras que no lo pueden ni oler.

Cuando ya había cursado la mitad de la carrera universitaria y tenía aproximadamente dos años fumando me enamoré de una compañera de clase. Me encantaba, quería tener una relación formal con ella, incluso llegué a pensar que ella era el amor de mi vida. Así que esperé un tiempo a que terminara con su novio, con quien sabía que tenía problemas, así que cuando ocurrió, puse manos a la obra. Cuando comenzamos a salir todo parecía ir bien, ella me comentaba en ocasiones que le molestaba el olor a cigarro, le dije que estaba bien, que no fumaría cuando fuera a estar con ella. Entonces dejaba de fumar dos horas antes de verla, y si lo hacía me lavaba las manos hasta matar cualquier residuo de que había cometido el delito de consumir cigarros. Pero este vicio siempre deja huellas, en la ropa o en alguna parte del cuerpo. Era imposible ocultarlo, así que cada que se daba cuenta, se enojaba conmigo. Y eso que aún no teníamos una relación formal.

Me gustaba tanto que decidí dejar de fumar, por completo. Ella volvió a ser cariñosa, nos la pasábamos increíble, reíamos y disfrutábamos cada momento. El cigarro no me pasaba por la mente, ni siquiera se me antojaba cuando alguien más lo hacía cerca de mí. Pensaba que dejar el vicio era muy fácil y no entendía cómo a tanta gente le costaba mucho trabajo. Yo lo había dejado de un día para otro. Pero un vicio cubre otro. Mi droga era ella, si me estresaba pensaba en ella, si necesitaba ayuda acudía con ella, en mi mente sólo estaba ella. No podía darme cuenta de que quizá me utilizaba, me controlaba y menos que no quería algo serio pues aún pensaba en su expareja.

Lo inevitable pasó, cuando mejor estábamos, según yo, claro. Mientras yo me encontraba de vacaciones, hospedado en uno de los hoteles en Guanajuato, ella tomó la decisión de borrarme de sus redes sociales de la noche a la mañana, con el pretexto de que no quería lastimarme. Después me confesó que ya tenía un nuevo novio, y que lo sentía. Entonces el vició se fue, la abstinencia de no estar más con ella me provocó que regresa en ese mismo instante al cigarro. Me emborraché y fumé como hace tiempo no lo hacía. Las botellas y las cajetillas se acumulaban. Después de intentar olvidarla, volví a mi vida normal, fumando como antes, diario, sin tener a alguien que me contralara, por gusto.

Así que es cierto: ‘Si dejas de fumar por alguien, es muy probable que lo vuelvas a hacer por esa misma persona’.